jueves, 12 de septiembre de 2013

Capítulo segundo.

Hacer vida normal y no ser normal era complicado. Compaginarlo de manera que nadie preguntase, buscar mil y una excusas, usar a las personas que viven con ella de familiares, cuando ni siquiera tienen la mitad del mismo ADN que ella.
Vivir en un lugar apartado del mundo, con personas que consideraba su familia por el simple hecho de que eran especiales cómo ella. A veces se sentía sola en aquél mundo, en aquél instituto. Nada se parecía a ella, nada se parecía con lo que había crecido.
Otro día más. La luz del sol entraba por la ventana de su habitación. Más grande que la misma pared. Abrió sus ojos, más verdes de lo normal, se levantó y fue al baño. Encendió la ducha y se metió en ella. Nunca encendía el agua caliente. ¿Si el agua es fría ya de por sí, por qué cambiarle la temperatura? Al cabo de ocho minutos salió de allí. Se vistió, con su falda negra, unos simples zapatos y una camisa blanca. Se disponía a abrir la puerta para bajar bosque abajo cuando:


¿No desayunas?le preguntó el hombre que estaba leyendo el periódico.
—Charlie, ¿cuantas veces he desayunado desde que estoy aquí? respondió ella con una sonrisa fría.
Ninguna. Vale, pero nunca está de más preguntarlo. Que tengas un buen día Kay.—dijo riendo.

Ella se fue, sin dar las gracias ni nada. Él sabía que una sonrisa suya era difícil de sacar. Con eso le bastaba.

Siete años atrás, cuando ella tenía nueve años se despertó en medio de la noche, en medio de aquél bosque. Ella tenía una madre, un padre, un hermano. Y se despertó, sin nadie. Y así siguió los siguientes 7 años. En aquella casa, rodeada de gente, pero realmente sola. Al llegar allí, simplemente quería saber quién era. Qué había pasado. Por qué la habían abandonado. Charlie, la acogió. Se la encontró sentada en un árbol moribundo. En seguida supo que era uno de ellos. Lo supo por qué bajo el árbol había cientos de pájaros muertos. No mutilados, simplemente muertos, cómo de un infarto, cómo si fueran demasiado viejos aunque hubieran nacido hace dos meses.
Ella sonreía al recordar aquello. Había matado tantas cosas sin siquiera usar armas. Sin usar ni las manos. Simplemente con mirarlos y desear que se murieran.
Sonrío para sus adentros y se puso a andar bosque abajo. Los pájaros se iban al verla o sentirla. Todo ser vivo con la capacidad de desplazarse o hacía. Menos las personas. '
'Son realmente poco inteligente.' pensaba ella siempre. No sentían que ella les podía matar ni siquiera, y eso que eran los seres vivos que más temían a la muerte.
Ingenuos, ilusos, confiados, cortos, predecibles, inocentes. ¿Qué más?

Al llegar al instituto pasó lo mismo de cada día, miradas raras, miradas de asombro, miradas de odio, miradas de incredulidad. La miraban mal por no haber ido al entierro de su amiga.
'¿Cómo se llamaba? Oh, Lily creo.'
Llegó a su clase, se sentó en su pupitre al lado de la enorme ventana, y poco a poco llegaron todas y todos. La clase se iba llenando igual que una bañera. Todas igual vestidas, todos igual vestidas. Todas hablando igual, todos haciendo los mismos saludos. Todas mirando al mismo tío, todos mirando a la misma chica. Eran cómo clones. Todos una secta.
Cuando el ambiente se calmó la puerta se abrió, junto con el directos. Un hombre alto, parecido a Charlie pero con menos barba y en traje, junto a un chico de mirada verde pero vacía y de pelo castaño. Su mirada no se fijaba en nadie, simplemente miraba por la ventana cómo si buscara algo que había perdido. Algo que le faltaba, o algo que echaba de menos.

—Buenos días. Hay malas y buenas noticias. Empecemos por la mala y terminemos por lo bueno. Vengo a informarles que terriblemente Lily Bray falleció accidentalmente, el viernes pasado en el puente de Lymm. El entierro ya se ha realizado, pero me han pedido sus padres que les informe por si alguien aún no lo sabía. Y la buena, es que este chaval... Perdona, ¿cómo dijiste que te llamabas chico? — le preguntó atrayendo su mirada aún perdida en el más allá.

Mark. Me llamo Mark. — dijo suavemente alzando la mirada a los alumnos ya sentados.

Su voz era seductora, con ese algo misterioso. Se fijó en ella. Sus miradas se sostuvieron mientras el director pedía que le integraran de una forma demasiado extensa. Una sonrisa apareció en los labios de Kaylee. Ella lo sabía. Sabía que él también había sido abandonado.



4 comentarios:

  1. Parece una historia un poco oscura... pero, al menos de momento, a mi me ha gustado.
    Escribes muy bien, mucho, haces que incluso parezca fácil, aunque no lo sea en absoluto.
    Espero que pronto escribas el tercer capítulo.
    :):)

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  2. Oscuro pero seductor, ¿se puede pedir algo más? Estaré aquí para el tercer capítulo. Es genial Ariel. T'estimo.

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