sábado, 14 de septiembre de 2013

Capítulo tercero.



El director desapareció y el chico fue andando, casi arrastrando los pies hasta el pupitre de delante de Kay. Ella conocía esta actitud. Ella también había ido por primer día en el instituto, y también se había sentido sola. Pero no sentía pena hacia aquél chico llamado Mark. Charlie lo había acogido, de esto estaba segura, y tenía que pasar por el mismo entrenamiento que todos. Pobre chico. Pasar de ser humano, a ser un Xarkz en cuestión de horas. Ella sonrío.

—Hola me llamo Kaylee.
—Vale. Yo Mark.— respondió él dándole la espalda.

'¿Y a este que le ocurre? Para recibir respuestas así no le hablo más.' E intentó prestar atención en clase matando las hormigas que pasaban por la pared. Primero una. Después la otra. La siguiente y así hasta que una inteligente cambió el rumbo de la ruta. Suspiró. Miró hacia la pizarra. Y él la observaba con una expresión de sorpresa.

—¿Que ocurre? — preguntó ella.

Él abrió más los ojos y devolvió la mirada de advertencia del profesor. Pasaron las horas, y de vez en cuando él la miraba de reojo con cierto respeto. Ella siempre miraba hacia la ventana.

'¿Y si Lily se lo contó a alguien de aquí?' pensó.

Levantó la vista del suelo del patio del instituto, y observó la clase. Todos igual de tontos, todos igual de ilusos. Nadie parecía saber nada. Aunque se pillaba antes a un mentiroso que a un cojo. Bah, ya le pediría a alguien de la lakehouse que la ayudara.


Sonó el timbre. Recogió sus cosas mientras toda la clase se vaciaba. Esperó a que no quedara ninguna alma andante sentada encima de la mesa. Los profesores aún circulaban por los pasillos pero ya no le decían nada por qué siempre era la última al salir. Cogió la mochila, se la puso a la espalda y bajó escaleras abajo. Más rápido de lo que una adolescente normal en falda podría. Podía sentir que aún había una pareja en el servicio de chicas, podía sentir el conserje dentro de una aula limpiando las mesas, podía sentir el pájaro durmiendo encima en el marco de la puerta de la entrada. Sentir sus respiraciones, y sus corazones. De pequeña siempre había pensado que era normal. Que todo ser vivo podía sentirlo. Hasta que mató su perro, mirándolo, cuando le rompió sus zapatillas de danza. Su madre se la miro, aterrorizada. La cogió en brazos y se la llevó al bosque. Sólo repetía: eso es una leyenda, es una leyenda, no está pasando, no está pasando. No puede ser verdad. Es sólo un cuento. Ella no lo ha hecho. 
Entonces la sentó encima de un árbol y le dijo: Mátalo. Mata al pájaro que tienes delante. Desea matarlo. Desealo con todas tus fuerzas. Cómo si el pájaro te hubiera roto las zapatillas de danza. 
Y una Kaylee de 9 años le robó la vida a la libre ave que reposaba en la rama de delante. Su madre se la miró con los ojos muy abiertos y sus últimas palabras fueron: De aquí no te muevas, ¿entendiste?

Salió por la puerta principal y muchos pájaros alzaron el vuelo. Se paró y se los miró. Entonces una mano se puso encima de su hombro derecho. La cogió por la muñeca y la giró, hasta dejar al individuo inmovilizado. 
Era Mark. El chico de su clase, de mirada verde. 

—¿Qué quieres? — le preguntó aún con su brazo pegado a su espalda.  
—Sólo quería decirte si sabes cómo ir a lakehouse. Joder, suéltame. —dijo haciendo fuerza.  


Ella le soltó y el sacudió sus brazos cómo si estuvieran llenos de polvo.   


—¿Quién eres? — le preguntó Mark.  
—Kaylee, ya te lo he dicho antes. 
—Ya sé tu nombre. Te preguntaba quién o qué eres. —dijo él arreglándose el pelo. 
—Soy Xarkz, al igual que tu. — dijo ella con una sonrisa pícara.   

Él la observó. Respiro, se rasco la cabeza y suspiró.   


—¿Cómo sabes tu eso? 
—A mi también me abandonaron. A mi Charlie también me acogió. Yo también tengo un Zolidws que ocultar. Y también vivo en lakehouse. Y si no fueras un Xarkz hubiera notado tu latido y tu respiración antes de que me tocaras.  

Él la observó de nuevo. Con admiración. Sus miradas verdes se parecían demasiado. Él tratando de vaciarla, de adivinar todo lo que pensaba.  

—No lo intentes, no podrás.— le dijo ella mientras encendía un cigarro y se marchaba en dirección lakehouse.
—¿El qué? — preguntó él siguiéndola.  
—Leerme la mente.

5 comentarios:

  1. Increíble, tu forma de expresarte es admirable.

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  2. Esta muy bien, tienes alguna que otra repetición léxica pero tu forma de escribir es admirable, estoy deseando leer el Cuarto capítulo.

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  3. Este comentario ha sido eliminado por un administrador del blog.

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